Paseos por el subconsciente - Una noche en Cracovia (Parte I)
Paseos por el subconsciente - Una noche en Cracovia (Parte II)
- WHAT THE FUCK…!? - Exclamó el yankee
Me cago en mi puta madre. Estaba demasiado mosqueado como para enlazar 2 palabras seguidas en la lengua de Shakespeare. Ese puto cachalote se había lanzado encima de mis aspiraciones para esa noche. Tenía el vaso de cristal en la mano y con el cabreo se lo estampé en la oreja de esa zorra medio albina.
Estupefactos, mis compañeros se me quedaron mirando con una mirada hacia mi cuello, ya que una vena había brotado de él y tenía, más o menos, el tamaño de una secuoya; pidiendo a gritos sordos salir ilesos de aquella situación. Cogí la botella de ron y puse rumbo hacia el bosque.
- Diero… - Dijo la muchachita
- SHUT UP, BIATCH…!
De dos sorbos liquidé lo poco que quedaba de la botella. El maldito americano se dirigía hacia mi como un puto bersek. En ese momento me paré, me puse firme, aunque en realidad sentí miedo ya que lo esperaba era una hostia. Se paró a 20 centímetros de mi cara… El tiempo pasaba muy lento… sólo sabía esperar un ademán suyo para yo reaccionar… no sabía que iba a pasar…
Y entonces… se empezó a reír. No me lo podía creer. Siempre lo he dicho: los americanos son unos pollos locos. Les suelo tener bastante coraje, no sé, simplemente no me caen bien. Que hubiese protagonizado una escena tan sádica no daba lugar a que no tuviese respeto por la gente, así que me ví en irrefrenable deber de todo ciudadano de estampar en sus costillas la botella vacía de ron. Qué poca sensibilidad. Que se ría ahora de su puta madre.
Seguí mi andadura solitaria por el bosque, buscando un respuesta en ese autismo a lo que había ocurrido.
Llegué como a una especie de aldea o poblucho. Tenía pinta de ser algo barriobajero pero gracias a la cogorza que traía no me importaba demasiado. Paré al lado de unos contedenores a recoger aire pues llevaba ya bastante tiempo andando. Había un cartón de pizza en el suelo. Le di un pequeño puntapié y salio despedida una magnun 44. ¿Qué carajo hacía semejante bestia ahí en medio? La cogí, me la guardé y puse rumbo al primer bar que en mi camino se topase.
Nada más entrar vi a dos bolleras… y me vino a la mente la situación que acaba de vivir. Una de ellas parecía vietnamita y tenía pinta de furcia barata, de esas que te que regalan un rasca de la once con cada mamada. La otra parecía que acaba de venir de su pueblo y se le había puesto cara de pan. Era camacho con tetas, porque también sudaba y era churretosa.
Entonces cogí un boli (¿De dónde saco un boli a estas alturas del relato?), y puse en una servilleta: COMBUSTIÓN EXPONTÁNEA. Me miraron con cara rara, ojearon la servilleta, no entendieron nada y siguieron con sus cosas de tortilleras polacas. Fui a la barra y me senté en un taburete, justo al lado de un gordo grasiento y sudoroso.
Rato después me desmayé y caí de espaldas.
Lo siguiente que recuerdo fue que me levanté en el calabozo de una cárcel, al lado del gordo, con dolor en el ojete del culo y un periódico a mis pies en el cual había una noticia sobre dos cantautoras homosexuales chamuscadas de una manera muy extraña.
