Tras levantarme temprano, a eso de la una de la tarde, hablé con mi primo sobre que hacer ese día por la noche. Era entre semana por lo que en un pueblo en medio de la sierra la fiesta es cero así que decidimos alquilar una película de terror.
Salí de mi casa con el rugido de la suzi en mi oído pensando que nadie podría pararme, que era el mejor conductor de quads del mundo, notaba como mi cuerpo cortaba el viento a gran velocidad… pero tuve que darme la vuelta porque me di cuenta de que me había olvidado a mi primo en la casa con los cascos y todo el material.
Tras este inoportuno despiste nos dirigimos al videoclub a todo gas. Al llegar el pueblo paré en un paso de cebra para que dos morenas despampanantes y así poder observar sus respingones traseros.
Mientras miraba esos pompis que parecían hechos por el más ilustre pastelero una voz insoportable capto mi atención. Miré hacia mi derecha y había una pandilla de unos cinco o seis canelos donde destacaba uno por encima de todos. El sujeto en cuestión parecía estar dando caña al más bajito de todos, se metía con su estatura y reía con sus compinches de las gilipolleces que era capaz de decir sobre el diminuto tamaño del chaval que parecía que no sabía como defenderse.
No sé porqué pero me sentí identificado con ese chaval. Que coño si sabía porque yo de pequeño era bajito y jode que un alto te toque los cojones. Yo en mi pequeñez respondía con violencia, ese chaval no contraatacaba se mostraba mustio y asustado así que entre en escena.
- Eh tú grandillón ¿sabes que tienes una voz insoportable? Me encantaría que un negro te taladrara la boca y así te hiciera callar – Le dije al macho dominante.
- ¿Eh? – Contestó en fuera de juego.
- Cuando pase le dices cabeza rajá – Comenté mirándolo.
- ¿Eh? ¿A quien? – Preguntó totalmente perdido.
- A esta – Y agarrándome mi zona testicular conseguí que todos sus amigos se rieran de él.
Sin más que añadir metí primera y me fui como un superhéroe de la zona en busca de mi ansiada película. Al llegar al videoclub me fijé que había ordenadores y entonces me acordé de vosotros fieles lectores de esta bitácora. Tras pasar el momento de trance me dispuse a buscar junto a mi primo una película que nos acojonara y mucho.
Miramos unas cinco mil películas y ninguna nos convencía, ya no hacen películas como las de antes, ahora sólo hacen mierdas no hay ni una nueva que de miedo. Cuando estábamos resignados a que no encontraríamos nada en ese videoclub unas risas provenientes de los ordenadores captaron mi atención.
Me acerqué por detrás con sigilo y vi que estaban leyendo ¡¡¡Zapillo Street!!! Una emoción inusual recorrió todo mi cuerpo, estaban leyendo el post de la barbacoa. Y de repente uno se giró y me miró.
El chaval boquiabierto avisó a su compañero que me miró con la misma cara.
- ¿Dieguito Brigante? – preguntó el muchacho.
- Error, Jotadé Trece, Diego es más alto y blanco – contesté con firmeza.
El rostro del fan se tornó en oscuro y sus ojos se desencajaron como los de Amy Winepolla.
- ¿Por qué no escribes maldito gandul? – me dijo irritado.
- Estoy de vacaciones joder - contesté asombrado.
- ¿De vacaciones? Sólo escribes en Internet ¿Sabes la de veces que he releído los relatos? ¡Íbamos a dejar de visitaros! ¡Nadie nos aburre día a día porque se vaya de vacaciones! – exclamó.
Ambos se levantaron de sus asientos, median como dos cabezas más que yo y estaban muy agresivos así que para calmarlos tiré de ingenio.
- Mirad Zapillo Street se ha actualizado – Grité con alegría señalando la pantalla.
Mientras ambos miraron hacía atrás corrí a gran velocidad y me monté en el Quad que mi primo ya se había encargado de arrancar y tiré echando humo. Finalmente alquilé la terrorífica Forest Gum y no pude dormir en toda la noche.

El momento en que me olvido del mundo