La historia que voy a relatar ocurrió de verdad, hace unos cinco años. Cuando los hombres buenos éramos unos adolescentes con las hormonas disparadas.
Un viernes noche cualquiera para unos chavales de catorce/quince años en Sevilla significaba un día idóneo para hacer gamberradas. Nuestro grupo en particular éramos bastante cabrones y nuestras perrerías a la comunidad se contaban por decenas y centenas. Todos teníamos una gran imaginación a la hora de elaborar planes, bueno, todos menos uno nuestro amigo el Piña.
Esta primera descripción puede llevar al equivoco sobre el Piña. La responsabilidad del Piña en el grupo no era la de elaborar planes. Su papel era mucho más importante y desenfrenado, pues él era el brazo ejecutor de la gran mayoría de nuestras fechorías.
La noche que relato en concreto, estábamos reunidos Raúl, Piña, Dieguito Brigante, el caca y yo. Recuerdo que era poco antes de la navidad por lo que hacía bastante frío. Todos íbamos abrigados hasta los ojos, parecíamos atracadores profesionales o un grupo de pequeño indios saltarines.
Como nota anecdótica de la historia decir que ese día fue el último en que el caca tuvo novia hasta la fecha. Él y Sonia se llevaban muy bien estaban siempre hablando por teléfono y se decían continuamente ñoñerias sin sentido que dormían a las piedras. Ese día el caca salió a la calle y como siempre estaba hablando con ella, empezamos a meterle presión para que colgara diciéndole cosas del tipo enchochao, pringao y un largo etcétera así que al parecer se puso nervioso y se despidió de una forma algo peculiar.
Sonia: Venga Diego (Sí, se llamaba igual que Brigante pero al no poder competir con este le apodamos el caca) cariño, dime que me quieres
El Caca: Te quiero
Sonia: Dime que me amas
El caca: Te amo
Sonia: Jopetas gordi, estas muy serio dime algo dulce
El caca: Tu puta madre en alminar
Al parecer ella le colgó y jamás volvieron a hablar. Cosas de chicas supongo. El caca rompió en llanto y nos pidió consuelo así que le metimos un consolador por el culo. El caca jamás volvió a juntarse con nosotros.
Cuando el caca se fue corriendo a su casa, nosotros emigramos de Zapillo Street para hacer de las nuestras. A unos dos kilómetros de nuestra calle, en la avenida principal de Sevilla Este nuestro amigo el piña nos paró en seco.
“Me estoy cagando” comentó. Tras ese comentario lleno de lucidez entró en el servicio de un bar cercano mientras nosotros lo esperábamos fuera.
Tras unos quince minutos, piña salió con una sonrisa de oreja a oreja. Una sonrisa que los hombres buenos ya conocíamos, algo tenía entre manos. Lo miramos con desconfianza esperando algo pero sin tener la menos idea de que podría ser.
Cuando estaba ya con nosotros se echó la mano al bolsillo y sacó un vaso de tubo con la mierda que acababa de defecar dentro del vaso. El olor era insoportable y al estar riéndonos por la impresión del momento lo estábamos inhalando todo.
¿Qué vas hacer con eso? Le preguntamos todos al unísono. Nos comentó su plan que no era otro que lanzar el contenido del vaso contra un coche. Así que nos fuimos a un semáforo cercano. Cada vez que los coches paraban nosotros alentábamos a piña para que lanzara su sorpresa a algún vehículo. Pero nuestro compañero estaba obstruido, no se atrevía hacerlo. Esperamos media hora y nada, no era capaz. Así que tras la decepción dijimos de irnos.
En ese momento piña reaccionó y lanzó la mierda contra un coche que acababa de salir lentamente del semáforo. Fue un instante que jamás olvidaré. El mundo se paró y fraccionó en tres trozos, exactamente los mismos trozos en los que se despedazó la mierda. Dos trozos pequeños y uno gigantesco se aproximaban al coche muy lentamente con una rotación casi perfecta.
Los dos trozos pequeños impactaron primero, uno en la rueda y el otro en la puerta. El trozo más grande sin embargo salió más alto y se coló como bailando por la ventana. Dentro una gitana que no se esperaba nada se dio cuenta de su destino demasiado tarde. Sólo tuvo tiempo para poner una muesca tétrica mientras la mierda se esparcía por su rostro. Nosotros anonados nos quedamos petrificados.
Inmediatamente la gitana sacó tres cuartos de su cuerpo por la ventanilla y gritó con la cara llena de mierda.
Hijo de puta, mal cáncer te entre, gonorrea para tus muertos y rasrra para tus descendientes cabrón. ¡Que me quedao con tu cara!
Piña preocupado solo fue capaz de decir: Iyo vámonos de aquí que se ha quedado con mi cara

¿Que tienen que ver estos ojos? ¿Es que no has leido la historia?