Mensaje Subliminal

Archivado en: Vídeos — Jotade @ 1:43 p02

Tu puedes

Archivado en: Curiosidades — Dieguito Brigante @ 1:43 p02

Estás ahí, que nunca te falte.

Nunca renuncies a ello, tienes que ser tú mismo.

No dejes que nadie te pisotee, tú vales más.

Tienes que conseguirlo, tienes que alcanzarlo.

Parece dificil, pero no lo es.

Está en tu mano, sólo tu puedes conseguirlo.

Anímate, eres fuerte, ve a por ello, es tu sueño.

Es tu meta, está ahí, la tienes en las yemas

(más…)

Acuérdate…

Archivado en: Delirium Tremens — Jotade @ 1:43 p02

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¿Tú también lo recuerdas? ¿Los habías olvidado? ¡Hijo de puta!

El sueño de un friki

Archivado en: Sólo Algunos Hombres Buenos — Dieguito Brigante @ 1:43 p02

¿Cómo? Es la televisión ¿Quiere decirme algo?

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Parece que quiere preguntarme algo…

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Sí, quiero.

La barbacoa: Dieguito Brigante (y III)

Archivado en: Relatos — Dieguito Brigante @ 1:43 p02

Estábamos tumbados sobre el césped, reposando semejante comilona que nos acabábamos de pegar. Como si fuese una prueba de gente con chispa, una masa de grasa humanoide luchaba por rescatar de la piscina algunas salchichas; salvar a la salchicha Ryan, esa era su misión.

Vi como Jotadé me miró sosteniendo en sus manos un mechero y un plátano. No hacía falta decir más, quería hacer la típica broma del incendio y plátano, pero al final, casi sin mediar palabra, desistimos. En un primer momento era porque quizás no entenderían la broma, pero en el fondo sabíamos bien porqué, los plátanos horrorizan a los hombres. Un plátano tiene un gran sabor pero simboliza demasiado una forma fálica. Cuando un hombre con una supuesta virilidad come un plátano pierde su ser, su ego, su alma; está diciendo a los demás que no tiene problemas para meterse una polla en la boca. Por eso en verano los hombres no comen Pirulos tropicales a favor de los frigopiés.

Mientras Jotadé tramaba planes de dominación mundial tales como cambiar el azúcar por la sal o la sal por el azúcar yo me quedaba dormido. Para mí dormir es como mear para un perro. Los perros, para demostrar su liderazgo se mean en lo que consideran su territorio; yo, en cambio, les meo a los perros encima y me duermo donde pillo. Estoy seguro que algún día podré dormirme mientras voy caminando sin dejar caminar. Fue cuando Jotadé me despertó, había localizado el estuche de Supercampeones de 24 colores y, seremos cualquier cosa, pero oportunidades así no las dejamos escapar.

El plan era sencillo pero efectivo, como cuando vas a tomarte unos cubatas con los colegas y le dices al aparcacoches: “Lo siento, no llevo nada encima“. Tan solo tenía distraer a la multitud por mis dotes de oratoria, persuasión y pene. Bueno no, con pene no. Para ello tomé una silla, me subí a lo alto y con voz fuerte y firme congregué a todos los que allí había a mi alrededor.

- DB: Veamos, quiero ver cuán fuertes sois. Cerrad los ojos, concentraos en mi brazo e intentad levantadlo con la telequinesia. ¡Sólo si creeis en vosotros mismos lo conseguireis!

En ese momento me entró un poco de hambre. Mientras los pobres ilusos intentaban subirme el brazo a lo Uri Geller, yo vi unos filetes de lomo solos, indefensos, pidiendo a gritos ser comidos por alguien. Así que, mientras esa manada de freaks seguía con su experimento psíquico, yo cogí los filetes de lomo y me dispuse a comermelos en un buen bocadillo. Antes incluso de haber preparado mi manjar, más de uno abrió los ojos y me vió infraganti. No sé porqué, pero se cabrearon bastante.

- Eh ¡¿Pero qué estás haciendo?!

- ¿Qué quieres?¿Reirte de nosotros?

- ¡Con estas cosas no se juega!

- DB: ¿Tanto jaleo por una barra de pan?

Parecía que la cosa estaba caldeada, por lo que supe que era la hora en la que los métodos tradicionales no me valdrían, tenía que tramar un plan en microsengundos. La gente me miraba con odio, mi mente estaba en blanco, no sabía como salir de aquella situación, parecía que estaba realmente jodido. Pero a grandes problemas, grandes soluciones.

- DB: ¡HAHAHAHA! ¡Creíais que me teníais! ¡Ahí os quedais! ¡Adelante Gadgetocóptero!

- …

Mierda, había olvidado que yo no era el Inspector Gadget, y algo que me decía que si mi sentido arácnido no había saltado, es que tampoco era Peter Parker. En ese momento no sabía que hacer, me había quedado sin ideas, entonces, lo ví, allí en la mesa porque nadie se lo había querido comer, un pollo del hipercor.

- DB: Que nadie se acerque, tengo un pollo del hipercor y pienso utilizarlo

- No hagas locuras, era un 2×1

- Dejadme pasar.

En ese momento eché a correr como el arzobispo de constantinopla cuando lo quieren desarzobispodeconstantinopolitarizar, con un montón de frikis a la espalda gritando, “Por el rey Narnia“, “Por Aslan“. En ese momento se te pasan un montón de cosas por la cabeza, como porque cuando alguien dice que se sabe un chiste, sientes la imperiosa necesidad de oirlo aunque sea una mierda, o porque Mufasa tuvo que morir tan pronto cuando Simba aún era casi un bebé.

En ese momento me encontré con el olvidado Jotadé, con un abrigo de mujer y corriendo de un gordo. Ver correr a un gordo es algo que no se puede explicar con palabras, es el más puro ejemplo de como la madre naturaleza te dice que no, que aunque tu mente te diga que corras, tus 300 kilos de grasa quieren quedarse comiento Risquetos, la pata de la mesa o algo.

JD - Lo importante es que tengo el autentico estuche de Oliver y Benji

DB - Supercampeones

JD - ¡Calla y corre!

Fue entonces cuando nos montamos en esa monstruo de acero y potencia llamado suzy y pusimos pies en polvorosa. Fue entonces cuando empezamos a volar con el quad para llegar raudo a Zapillo Street y aterrizar sobre una montaña de billetes de 500 €. Bueno en realidad esto último nunca llegó a pasar, es que me había quedado dormido y lo estaba soñando.

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La fruta del MAL

La Barbacoa: El Final de Jotadé

Archivado en: Relatos — Jotade @ 1:43 p02

ATENCIÓN: Si antes de leer esto no has leido La primera parte de Jotadé y tanto la primera como la segunda parte de Dieguito Brigante y la segunda de Jotadé, no entenderás nada.

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Allí estábamos, tumbados sobre el césped viendo como un calvo con apariencia de foca monje se comía seis salchichas que flotaban en una piscina. A mi esa imagen me recordó un culo flotante recogiendo nabos, algo que por otra parte me dió mucho asco.

Mientras descansábamos la comida empezamos a pensar como amenizar la barbacoa. Entonces se nos ocurrió hacer la típica broma que se hace en todas las barbacoas, lo de quemar la casa, y poner una cáscara de plátana en la puerta para que cuando corriesen se resbalaran pero al final desistímos porque pensamos que a lo mejor a esa gente tan rara no le haría gracia y nos esconderían la comida o algo para contrarrestar.

Pensamos en hacer una y mil maldades pero ninguna nos convencía. Pasaban los minutos y el aburrimiento se adueñaba de nosotros de tal forma que Diego se quedo dormido. Mientras miraba su bello rostro dormitar pensé en hacerle alguna putada a escala mundial. Me levanté para tirarme un peo en su cara cuando de repente me acordé de algo que había visto al entrar en la casa para hacer mis necesidades: El autentico estuche de 24 colores de Oliver y Benji, no uno cualquier, sino el original.

Desperté a Diego y le comenté la situación: Teníamos que robar ese estuche.

JD - Diego, despierta marmota. Acabo de recordar algo grande.

DB - ¿Que haces? ¿Estas loco? ¿Como se te ocurre despertarme? Podría haberte matado o algo.

JD - Antes, cuando entré en la casa para mear. Vi el estuche original de 24 colores de Oliver y Benji.

JD - Supercampeones.

JD - ¿Que?

JD - La serie se llamaba Supercampeones.

JD - Hijo de puta, tenemos que robarlo.

Trazamos un plan perfecto. Diego distraería a la multitud y yo sería el astuto ladrón que se haría con ese magnífico estuche, el original, el de los 24 colores. Nos levantámos de forma coordinada y nos separamos. Yo me apoyé en un árbol para observar como marchaba el plan mientras Diego hacía su parte.

Cogió una silla, se subió y empezó a gritar: “¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! Reuniros aquí hijos míos. Quiero comprobar cuan fuertes sois” Todos los personajes se reunieron alrededor de mi carismático amigo prestándole toda su atención. Cuando todos los freaks estaban allí Diego tiró de ingenio para hacer que yo ganara tiempo: “Ahora haremos una prueba, todo aquel que crea en la telequinesia que levante mi brazo” En ese momento todos pusieron cara de concentración y cerraron los ojos mientras las venas se les empezaron a hinchar. Sin vigilancia me metí por el garaje en busca de mi tesoro.

El garaje era grande del tamaño de un garaje grande más o menos. Me sorprendí al ver un Quad blanco más grande que la Suzi pero también más feo y menos elegante. Pasé agachado por su lado y me paré en el marco de la puerta. Apoyé mi espalda en el marco y saqué mi cabeza a lo Solid Snake con mucho sigilo. Lo examiné todo, a mi derecha el cuarto de baño, a mi izquierda el salón donde estaba el ansiado estuche y enfrente pared. Descarté la opción de la pared, porque recordé que no soy un fantasma, y también la del cuarto de baño porque era el camino contrario, así que fui hacia el salón.

Fui arrastrandome como una Boa Constrictor y me puse en cuclillas tras el sofá. El estuche estaba justo encima del mismo. Me levanté poco a poco y miré donde se tenía que encontrar. Y ahí estaba, pero acompañado. El estuche estaba exactamente en el ombligo de un señor de unos 175 kilos que roncaba placidamente mientras agarraba con sus dos manos el estuche. Me acerqué a la cocina y cogí un bollycao. De nuevo en el gordo le pegué el cambiazo. Estuche por Bollycao. El hijo puta parece que lo olió pues nada más ponerselo en las manos le dió un bocado. Menudo son estos gordos, pueden comerte incluso dormidos.

Cogí un abrigo que estaba puesto en una silla para ocultar el estuche. Menudo cantazo un chaval de 20 años vestido con un chaqueton de mujer en pleno agosto sevillano, de puta madre. Me puse el chaquetón y al girarme vi que el gordo se había despertado y me miraba de pie con la boca llena de chocolate y babas. Le sonreí para intentar apaciguar las cosas, pero a él parece que no le hizo ningún efecto y empezó a andar hacia mí. Entonces me puse serio, puse mi brazo recto, abrí la palma de mi mano y le grité ¡Eh! El gordo paró su cara a escasos centímetros de mi cara y entonces le dije:

- Hola señor obeso ¿vas a comerte esa almohada? - E inmediatamente corrí.

Corrí hacia la puerta de la casa mientras todo se tambaleaba porque el muy hijo puta salió detrás mía. El pasillo se me hizo eterno, me sentí Indiana Jones corriendo delante de la piedra redonda. Pasé por al lado del Quad donde estaba sentada la rubia que quería conmigo (seguro que quería) y al salir ví que toda la multitud corría hacia mi encabezada por Dieguito. Diego se puso a mi altura mientras corriamos.

JD - !¿Que has hecho hijo de puta?¡

DB - ¿Y tu cabrón? Llevas puesto un abrigo de mujer muy hortera.

JD - Lo importante es que tengo el autentico estuche de Oliver y Benji

DB - Supercampeones

JD - ¡Calla y corre!

DB - ¡Joder que es eso! ¡Nos persigue un gordo muy gordo!

JD - AAAAAAA se está comiendo a la gente que corre detrás nuestra ¡más rápido o nos comer!

Nos montamos en la Suzy a toda prisa y dándole gas a tope salimos de ese puto infierno.

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Ella y yo pudimos tener una bonita historia de amor

La Barbacoa: Historia Jotadé - Segunda Parte

Archivado en: Relatos — Jotade @ 1:43 p02

ATENCIÓN: Si antes de leer esto no has leido La primera parte de Jotadé y tanto la primera como la segunda parte de Dieguito Brigante, no entenderás nada.

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El olor venía de la boca del vater, me asomé precavido y no podía creer lo que veía. Una mierda de tamaño descomunal se asomaba por el orificio. Algún cerdo había cagado de tal forma que seguro que se había partido el culo y encima no había tirado de la cisterna, como orgulloso de su obra y rezando porque todos los que entraran hacer sus necesidades vieran tal espécimen. Salí de allí a base de arcadas, algo bastante chungo si no sabes vomitar.

Pese a que mi estado no era el idóneo, siempre tengo que estar guapo, así que al salir puse mi cara más atractiva. Algo mareado anduve observando los especimenes allí reunidos. Me senté para asimilar lo ocurrido y tranquilizarme. A los pocos segundos una chica morena con cara de mala persona se acercó a mí.

Chica - Hola, ¿te ocurre algo?

JD - No, solamente estoy pensando en que quiero ser de mayor.

Chica - Ah… ¿y que quieres ser?

JD - Quiero ser gamba.

Chica - ¿Gamba? ¿Para que quieres ser gamba?

JD - Para que me chupes la cabeza, puta. Ahora lárgate de aquí.

La morena puso cara de aye-aye y con lágrimas en los ojos salió despavorida hacia los brazos de un chaval medio calvo, él sonrió, seguramente pensando en que iba a pillar cacho de esa anormal, que dura debe ser la alopecia. Mientras miraba esa peculiar escena entre el calvo y la anormal el estómago me rugió como ruge Keita en plena carrera. Entonces giré mi cabeza 180º buscando la comida y allí estaban: la barbacoa, la carne y Dieguito Brigante.

JD - Tengo hambre, ¿Dónde hay comida? Le pregunté a mi estimado amigo.

DB - Ahí te guardado una hamburguesa, la mejor que me ha salido. El mojo picón se ha acabado – Me dijo sonriendo.

Por momentos Diego se convierte en una persona mezquina, pero son estos pequeños detalles, los que hacen que lo adore. Me había guardado una hamburguesa y eso era algo que le honraba.

Cogí la hamburguesa que estaba metida en un pan bastante apetecible y le di un mordisco tan grande como mi sagrada boca me permitió. Al entrar en contacto mi lengua con la carne un intenso sabor a escombros me llenó toda la boca. En ese momento se me unió tanto el olor anterior como el sabor actual y me entraron ganas de potar. Tuve que disimular y poner cara de guapo porque la rubia me estaba mirando como una actriz porno.

Mientras mantenía el contacto visual con la prima de Laura, Brigante me interrumpió:

DBJota… ¿Por qué nadie se acerca a mí? ¿Es que no me conocen?

Pobre Dieguito, no tenía ni pajolera idea de que tenía toda la espalda llena de mierda, en ese momento sólo era interesante para la gente comprófaga. Sabía que no podía decirle lo de la mierda así que tiré de ingenio y le contesté:

JDHay una ley no escrita que dice que los que se ponen hacer las barbacoas son personas inaccesibles, debe ser por eso. - Cuando le solté esa parrafada me sorprendí a mi mismo, mi ingenio no tiene fronteras.

Diego puso cara extraña, parecía que me iba a reprochar algo pero en ese instante un enano y un gordo peludo mantenían un acalorado dialogo:

- Eh eh eh ¿Ocurre algo? - Dije tajantemente.

- Estábamos debatiendo por cuanto se dejaría dar por culo cada uno

- Yo no me dejaría dar por culo ni por 100 millones

- Pero quien va a pagar 100 millones para follarte el culo a ti, ¿eh? - Añadí con soltura.

- No, si aquí lo que falta es dinero y sobran maricones - Sentenció Dieguito.

Cuando mi compañero y yo dejamos las cosas claras salí de ese absurdo corro buscando una esquinita donde echar una placentera meada. Cuando me bajé la cremallera y saqué mi leño vi que alguien había dejado un vaso de tubo justo al lado. Dirigí mi lanzacohetes hacia el vaso y disparé con certeza llenándolo hasta arriba. Diego antes me había dado una hamburguesa bastante putrefacta y yo le iba a dar de beber una energética bebida isotónica.

Hice una recolecta de bebidas y me puse al lado de mi cuasi hermano.

JD - Mira, la rubia me ha dado esto especialmente para ti, dice que es kas de manzana.

DB - Que asco, está caliente ¿Qué mierda es esta?

JD - Eh, eh. Te está mirando, la tienes en el bote, casanova.

Diego se hizo el duro mirando a la chica y se bebió de un trago toda mi meada, eso es a lo que yo llamo reciclar los líquidos. Al terminar se puso colorado y con cara sudorosa, se ve que no debe ser muy bueno para la salud beber orina aunque a Kevin Consner en Waterworld le mantenía con vida.

Cuando su cara mejoró nos trasladamos unos metros y nos tiramos al suelo, mientras yo bebía una Pepsi y Diego se fumaba un cigarrito. El calvo de antes cogió un pinchito del plato de Brigante.

- Ey, ¿No vas a comerte eso? – Empezó a decirle Dieguito

- ¡Eh! ¡En la puta vida! ¿me oyes? ¡En la puta vida vuelvas a tocar mi comida!

- Perdón, perdón…- Comentó asustado el cabeza nabo.

- Hay dos cosas en la vida que Dieguito Brigante no comparte: Una: Mi comida. Dos: Las mujeres. ¿Entendido? Ahí en la piscina quedan algunas salchichas, sírvete tu mismo. – Dijo y volvió a tirarse al suelo.

Diego siempre suelta frases de ese tipo, seguro que se cree un Moisés súper ingenioso con sus mandamientos y todo. Al soltar el pinchito de Diego me levanté me fuí hacía el calvo y le di con la mano abierta en la frente.

JD - Nunca vuelva a exaltar a un amigo mío en mi presencia ¿entendido? ahora comete las salchichas que hay en la piscina, no me gusta que nadie pase hambre.

El calvo asustado salió corriendo sin mirar atrás, se tiró a la piscina y empezó a comerse las salchichas que por allí flotaban.

Nunca, absolutamente nunca hagas enfadar a un amigo de Jotadé en su presencia. Puede hacer caer todo el peso de la ley sobre ti.

 

CONTINUARÁ…

La barbacoa: Dieguito Brigante (II)

Archivado en: Relatos — Jotade @ 1:43 p02

ATENCIÓN: Si antes de leer esto no has leido La primera parte de Jotadé y la de Dieguito Brigante respectivamente, hazlo, sino no entenderás gran cosa.

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Lo primero que hice fue quitar las salchichas que nadíe había cogido. La seis primeras las tiré a la piscina, que como daba un canteo horroroso, pues decidí darselas al perro. Se las tiré a la puerta de su perrera donde descansaba. Que bella es la vida de una perro. Comes, paseas, coges palito y/o pelotas; y sobre todo lo más importante: Puedes lamerte la pelotas (¿deja vu?) y oler el culo a tus compañeros si que nadie te mire mal. El maldito perro rechazaba mis salchichas ¿Como se atrevía? Paré al del tic en el ojo y le pregúnté.

- Eh, ¿has visto ese perro lo que se parece a un gato?

- Es que eso es un gato.

- Hostias, po’ no veas si se parece a un perro.

Una vez me deshice de ese lastre que son las salchichas, me puse con mis ansiadas hamburguesas. Lo bueno de dominar una barbacoa es que controlas lo que come cada uno y, lo más importante, decides lo comes tú. Mi táctica es sencilla: Una para el grupo, otra para mi. Cuando me había comido 27 hamburguesas, vi aparecer a Jotadé con la cara revenida. Buscaba algo con la mirada, no sé exactamente el qué.

Con el despieste, se me cayó una hamburguesa al carbón. Con la máxima discreción, planeé un estrategia megainteligente, casi inteligentérrima (Marta ;)) diría yo. Entonces, a lo Jony English, con mucho sigilo me propuse a rescatar a mi pequeña soldado Brian y tras una breve y silenciosa onomatopeya levanté la rejilla.

- ¡SU PUTA MADRE! ¡AH! QUE ME QUEMO COÑO, QUE ME QUEMO.

- ¿Qué te pasa?¿Estás bien? - Dijo un otaku que había por allí.

- No, no. Es que me imaginado a esa desnuda y creía que estaba en el infierno - Interpuse mientras rápidamente me colocaba delante de la barbacoa para que nadié viese la hambuerguesa.

En ese instante, la rescaté y la metí en un apetecible pan de hamburguesa. La puse en el plato comunitario y le llegaron el turno a los pinchitos. Todo el mundo sabe, al igual que las hamburguesas han de ser las pioneras, los pinchitos es un plato indispensable en toda barbacoa. Lo pinchitos tienen un trasfondo y un significado más allá de lo que gente puede imaginar. Para un hombre es lo más cercano a una orgía. Coges el palito, que es símbolo del miembro viril y atraviesas un cacho de carne, que representa a la mujer. Cuando la has dejado satisfecha, atraviesas otro cacho de carne… y luego otro… y otro… y cuando crees que eres un superhombre por haber llevado a cabo tamaña hazaña, vas y lo tuestas. No veo mayor fantasía que después de acostarte con un mujer, poder quemarla. En ese momento Jotadé se acercó a mi puesto de mando.

- Tengo hambre, ¿Dónde hay comida?

- Ahí te guardado una hamburguesa, la mejor que me ha salido. El mojo picón se ha acabado - Dije mienténdole

Cuando le dió el bocado a aquella inmunda hamburguesa, volvió a poner esa cara revenida con la que antes se había quedado un rato parado. En ese momento me di cuenta de una cosa: Nadie se acercaba a mi, cosa rara dado mi alto carisma. Se lo comenté a Jotadé a lo que me respondió con una de sus típicas frases de “hay una ley no escrita que dice…” para justificar este hecho. Apuesto a que se cree superingenioso cuando suelta una de esas perlas. Acto seguido, vimos como los chicos mantenían un acalorado coloquio sobre lo que, desde fuera, parecía un tema interesantísimo.

- Eh eh eh ¿Ocurre algo? - Intervino Jotadé

- Estábamos debatiendo por cuanto se dejaría dar por culo cada uno

- Yo no me dejaría dar por culo ni por 100 millones

- Pero quien va a pagar 100 millones para follarte el culo a ti, ¿eh? - Sentenció Jotadé

- No, si aquí lo que falta es dinero y sobran maricones - Añadí

Con tanta comida en mi estómago, necesitaba algo isotónico que recorriera mi traquea y me refrescara el gaznate. Como siempre ocurre en estos casos, se busca al dueño, dueña en este caso, del sitio en cuestión. No encontraba a la caracrátrer, así que paré a su prima, esa rubia que quitaba el hipo y le demandé algo fresquito que aliviara mi pesadez. Las mujeres guapas siempre me ponen muy nervioso cuando hablo con ellas frente a frente.

- Perdona, ¿tienes hipo?

- ¿Cómo?

- ¿Que si sabes a qué huelen las nubes? Quiero decir… ¿No hay cerveza por aquí?

- No, creo que no hay

- ¿Y tinto?

- Tampoco. Ahí hay una garrafa de agua.

- ¿Agua?¿Es que tienes sed o qué?

Al final, el bueno de Jotadé consiguió apropiarse de 7 botellas de seven up, 4 de pepsi, 3 de kas de naranja y un vaso de un líquido amarillento. Volvimos a nuestra posición y seguimos comiendo como bestias.

- Mira, la rubia me ha dado esto especialmente para ti, dice que es kas de manzana.

- Que asco, está caliente ¿Qué mierda es esta?

- Eh, eh. Te está mirando, la tienes en el bote, casanova.

La mierda esa de kas me había dejado medio muerto y después de haber ingerido más de 37 kilos de carne cada uno, decidimos parar con los entrantes y hacer un descanso tabaquil. Mientras tomábamos el aire tranquilos, un chaval medio calvo y bastante osado cogió un pinchito que había dejado a la mitad en mi plato mientras realizaba mi descanso.

- Ey, ¿No vas a comerte eso?

- ¡Eh! ¡En la puta vida! ¿me oyes? ¡En la puta vida vuelvas a tocar mi comida!

- Perdón, perdón…

- Hay dos cosas en la vida que Dieguito Brigante no comparte: Una: Mi comida. Dos: Las mujeres. ¿Entendido? Ahí en la piscina quedan algunas salchichas, sírvete tu mismo. - Sentencié y volví a tomar asiento. Con frase cargadas de tanto ingenio nadie tiene respuesta. Siempre guardo estas frases para momentos oportunos.

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Las Autoridades santitarias advierten que tocar un pinchito de Dieguito Brigante puede ocasionar la muerte y además afecta a las personas que se encuentran a su alrdedor. Por tu salud, no juegues con los pinchitos.

CONTINUARÁ…

La Barbacoa: Dieguito Brigante (I)

Archivado en: Relatos — Jotade @ 1:43 p02

ATENCIÓN: Antes de leer esto, has de leer La Barbacoa: Historia Jotadé - Primera Parte, sino, todo esto tendría poco sentido.

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Cómo me gustan las barbacoas. Carne, grasa, mojo picón, celulitis, gordura. Se pasa de vicio, empiezas a comer un poco después del desayuno y acabas un poco antes de la cena. Hace poco fui invitado a una barbacoa por una gente un tanto extraña, por no decir que eran raros de cojones, pero aún así, era una barbacoa y no se puede rechazar.

Como siempre, me dejé llevar por la gula y una vez allí me sentía rodeado de gente rarísima y como único consuelo comida a expuertas. Entonces, eché mano del móvil y llamé a Jotadé que, como había previsto, no se había presentado.

JD - ¿Quién coño es?

DB - Jota, cabrón, ¿Qué haces te has vuelto a quedar dormido?

Este nota siempre es igual, que manera de tocarme la polla. Su seriedad es nula y encima además se atreve a vacilar, soltándome excusas baratas de perros. Aún así, sigue siendo inocente y débil, sobre todo si mencionas la palabra mojo picón. No conozco una manera más fácil de convencer a una persona. Creo que algún día podría conseguir que me la chupara si me echara mojo picón por la polla.

Y ahora tocaba esperar que llegase y aguantar entre toda aquella gente tan rara. Como cuando esperas algo el tiempo pasa más lento, así que decidí usar unas de mi supertácticas avanzadas: Hice un viaje a babia y me quedé en la inopia, mirando a todo el mundo pero sin mirar a nadie a la misma vez. Esto a veces puede traer problemas, ya que sin quererlo, te quedas mirando a la gente bastante tiempo y no te das cuenta. Así me pasó a mi en la barbacoa. En mi caso, mirando a un chaval que tenía un extraño tic en el ojo:

- ¿Por qué me miras tanto?

- ¿…eh?

- ¿Que qué me estás mirando?

- Emm… ¿Tú cuando jugabas a las cartas al “poli-ladrón” tenías que tenerlo chungo no?

- ¿Cómo?

- Te voy a hacer un pregunta ¿Qué hace una rubia como esa entre tanto freak?

- Es la prima de Laura

Y señalo a laura, la cual tenía la cara inundada de granos. Resultaba dificil discenir entre si eso era un cara o un pizza barbacoa. Como Jotadé estaría a punto de llegar, le fui a pedir una motillo que tenía por allí para ir a la puerta de la urbanización a recogerlo.

- Laura, necesito tres cosas de ti

- Dime - Respondío ruborizada

- Tranquila, no te lo tomes por ese camino, das realmente asco. Primero necesito que digas donde está el baño, que te voy a plantar un truñaco en tu casa que vas a tener que cambiar toda la fontanería. Segundo, necesito saber si me prestas el zip ese que tienes ahí. Y por último y lo que más me inquieta… ¿Cómo coño sabe un ciego cuando se ha limpiado el culo?

Tras oir mi respuesta, su rubor desapereció y a cambió frunció levemente su entrecejo. Me contestó cortésmente a mis dos primeros requerimientos y me dejó con la duda del tercero. Fui al baño y realicé una de las mejores cagadas de mi vida, sino la mejor. Cada vez que hago una gran cagada me siento orgulloso. Para un hombre, cagar es el símil femenino de tener un hijo. La única diferencia es que las mujeres son demasiado quejicas, no saben lo que se sufre echando un truño de dimensiones descomunales. Lo que aún no tengo claro es qué da más placer, si tener a tu hijo recién nacido entre tus brazos o ver tus preciosos y olorosos excrementos al fondo del excusado.

Monté en la casi reventada motillo de 49cc y fui a la entrada de la urbanización. Allí, se encontraba una pareja de guardias civiles dando por culo a todo el que pasaba. Llevaba allí ya 5 minutos esperando, comiendo algunas pipas saladas cuando escuché de lejos el rugido de la leona. Dichos guardia civiles entretuvieron un rato a Jotadé, pero poco después entró en la urbanización y lo saludé.

DB - Cabrooooón. Eres un flojo y no veas si has tardado

JD - ¡Qué dices! Si la suzi ha venido al máximo.

DB - ¿Por qué me has señalado?

JD - Le he dicho que eras un retrasado mental al que tenía que cuidar y al verte la cara se lo han creído.

Siempre con sus chistes que no tienen ni puta gracia. Le dediqué un sonrisa hipócrita y mientras él se agachaba para ver no sé que cosa del quad, le eché las cáscaras de las pipas que me estaba comiendo por el pelo. Partimos y llegamos a la casa donde nos esperaba nuestra ansiada comilona.

A pesar de que me había llamado retrasado mental, Jotadé tuvo un buen gesto y antes de entrar en la casa y hacer las consecuentes presentaciones, me limpió un poco de tiza que tenía en la espalda. A pesar de que últimamente me toca mucho la polla, tuvo un buen gesto y me libró de hacer el ridículo.

Al poco de estar allí, veía a mi compañero nervioso. Yo sólo quería disponerme a comer, pero parecía que Jotadé tenía todos los músculos del cuerpo agarratodos. Como ví que la rubía esa que estaba tan buena se acercaba a hablar con él, aproveché para ir a la barbacoa y ponerme a hacer hamburguesas. Todo el mundo sabe que las buenas barbacoas se empiezan con hamburguesas.

Al llegar ya había dos compañeros friendo salchichas esas que tienen más mala cara que los pollos del hipercor. Al llegar, les di un poco de coba para ver si me dejaban tomar el trono. Me puse entre medio de ellos.

- ¿Qué haceis par de dos?

- Aquí… Hostias, que mal huele ¿no?

- Serán las salchillas esas de mierda.

Miré a uno de ellos que se tapaba la nariz mientras hacía las salchillas. Me miro y acto seguido apartó un poco su mirada para que acabase en el otro freak que estaba allí. Giré mi cabeza un poco y vi que estaba haciendo gestos cuanto menos estrafalarios. Poco después se fueron. Llegaba mi tuno de ponerme a los mandos de las pinzas.

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Los Hombres buenos odian en su justa medida las salchichas

CONTINUARÁ…

La Barbacoa: Primera parte // Jotadé

Archivado en: Relatos — Jotade @ 1:43 p02

Estaba apunto de ser el primer hombre de la Tierra en pisar y por lo tanto conquistar Marte cuando la sintonía de “El Padrino” me sacó de mi sueño, trayéndome a la cruda realidad. Antes de coger el móvil miré mi reloj de Spiderman, era temprano, sobre la 1 del medio día. ¿Quién era el cabrón que osaba perturbar mi sueño?

JD - ¿Quién coño es?

DB - Jota, cabrón, ¿Qué haces te has vuelto a quedar dormido.

JD - ¡Que dices tío! Es tempranísimo, estaba apunto de conquistar Marte.

DB - Killo habías quedado en la barbacoa. Estoy sólo rodeado de gente rara, tienes que venir.

JD - No puedo, tengo que pasear al perro.

DB - Jota, tú no tienes perro. ¿Sabes que hay pinchitos y mojó picón?

JD - En 10 minutos estoy allí.

Dieguito siempre anda tocándome la polla. Tiene que despertarme cuando tengo un buen sueño. A veces me entran ganas de golpearle con una llave de pugilato para que se le quiten las tonterías. Pero hay veces que me recuerda la existencia del mojó picón, ahí es cuando lo amo y me convence con facilidad.

Me levanté de la cama con suma pasividad, miré por la ventana y vi que hacía un día de puta madre.

Me puse mi bañador militar, una camiseta de tirantes para marcar mis estilizados músculos y mis botines de correr. Cogí las llaves del Quad y bajé al garaje. Armado con mi casco y chaqueta, cortesía de Da Souza, me dirigí al lugar de la comilona.

Llegando a la urbanización vi a trescientos metros a dos hombres vestidos con la camiseta amarilla del Barcelona instalados en el mismo giro que tenía que coger para entrar en el núcleo residencial.

- Seguro que son dos moros vendiendo cosas de bazar en el arcén - Pensé.

Al llegar a ellos me empezaron hacer gestos para que me detuviera, parece que no eran dos moros hinchas del Barsa, eran dos Guardias Civiles haciendo controles. Al parar el motor miré hacía mi izquierda y a unos 20 metros estaba Dieguito esperándome.

GC - Este Quad ¿de quien es?

JD - Del hombre del saco no te jode, pues mío ¿no te has fijado que lo voy conduciendo yo?

GC - Sácame los papeles y entrégame tu carné de conducir. Esto es un control rutinario.

JD - Tome usted, si quiere que le saque algo más no tiene más que pedirlo.

GC - ¿Me estas vacilando? Sabes que debes llevar al menos un retrovisor en este vehículo. Parece que eres un chulito al que hay que explicarle las cosas por escrito.

Arqueé una ceja, lo miré fijamente y le dije:

JD - Eh Eh Eh, mira a la izquierda (y señalé a Brigante) ¿Sabes quien es? Es Dieguito Brigante y no le gusta para nada esperar, tú lo estás haciendo enfadar.

GC - ¿Dieguito Brigante? ¿Tú eres Jotadé? Oh Dios mío ¡Agente Calatrava tráigame una Pepsi inmediatamente!

JD - No es necesario, voy a una barbacoa allí tendré suficiente. Sólo quiero salir de este control para mortales.

El Guardia Civil asintió afligido y yo sin hacerles daños me marché junto a Diego.

DB - ¿Por qué me has señalado?

JD - Le he dicho que eras un retrasado mental al que tenía que cuidar y al verte la cara se lo han creído.

Diego sonrió, pero yo sé que realmente me maldecía por dentro. Ambos fuimos sin más demora al chalet.

Al bajar del bólido amarillo vi que la rueda trasera izquierda estaba manchada de barro, la toque con el dedo para retirarla pero al hacerlo un olor nauseabundo se me tiro encima. Era mierda de perro. Con mucho disimulo me acerqué a Diego y le dije: ¡Eh! ¿Qué tienes en la espalda? Momento que aproveche para limpiarme en él sin que se coscara.

DB - ¿Qué era?

JD – Nada, parece que estabas manchado de tiza.

Entramos en la casa y el fuerte olor de las carne lista para engullir me pasó suavemente por mi nariz rociándome el olfato. Saludé a la gente rápidamente, había cuatro mujeres y cinco hombres, estrecheces de manos y besos fueron la nota dominante en los saludos.

Me puse bastante nervioso, pues si hay algo que me de vergüenza es estar en un sito con gente que no conozco, Diego me había metido en una encerrona.

Cuando llevaba como diez minutos una chica rubia de buen ver se me quedó mirando, miré a Diego pero se estaba riendo sólo, sonreí a la chica y esta se levantó y vino hacia mí. En ese momento pensé “La tengo en el bote”. La rubia se agachó para decirme algo en el oído, momento que aproveché para mirar por su exultante escote.

Chica Rubia: Perdona, sólo quería decirte que tienes cáscaras de pipas esparcidas por el pelo.

Note como el mundo se me caía encima y con una sonría absurda me quite con la mano las pipas de la cabeza mientras ella movía su perfecto culo hacía su lugar de origen. Busqué a Diego con la mirada pero él se había ido a la barbacoa a darle caña a las hamburguesas.

Empecé a escuchar la llamada del águila imperial y me levanté de mi silla, me acerqué a la dueña de la casa y le dije:

JD: Perdona, Laura ¿Me dices donde está el baño? Es que me estoy meando.

Laura: Si claro, al fondo a la derecha.

JD: ¿Al fondo a la derecha? Que típico.

Entré en el edificio y busqué los aseos, mientras estaba abriendo la puerta un olor nauseabundo me azotó sin compasión…

Chica que avisó de que tenías pipas en la cabeza

Continuará…