Estaba pasando por delante del hospital. Pasar delante de un hospital siempre me crea sentimientos encontrados. Al ser un lugar donde hay mucha gente, entre esa gente hay tías buenas, pero mirarlas y tener pensamientos obscenos con ellas me hace sentirme mal, porque quizás estén allí porque un familiar ha tenido un accidente grave o su mejor amiga buenorra tienen que cortarle el brazo derecho o peor, ligarle las trompas de farlopa. No puedo querer me la chupen, es antihumano. Además, puede que se echen a llorar sin haber acabado su trabajo y dejarte a la mitad.
Por fin llego a mi casa. Estoy haciendo un esfuerzo titánico por no dormirme. La gente dice que duermo demasiado y esta presión me ha llevado a dormir sólamente 4 días en semana, lo que hace que tenga mucho más tiempo libre pero también que esté mucho más cansado. Cuando la gente comparte mi modus vivendi y baja a las 11 de la mañana a comprar el pan suele tener reacciones del tipo: “Hostia, no sabía que a esta hora había tanta gente en la calle” o “¿Qué carajo son esas campanas?“.
Como decía, estaba luchando porque mis párpados no se cerrasen. Estaba esperando que llegase una mujer que había contratado para que me limpase la casa. Al poco rato llega y le explico lo que quiero que haga. Me cuesta entenderla hablar a lo que utilizo la vieja tecnica de decir a todo que sí, como cuando hablas con un cateto. Es una sudamericana subdesarrollada por lo que para no herir sus sentimientos llamo su atención llamándola sudaca de mierda. A los 25 minutos se ha ido. Me maldigo por haberle pagado por adelantado.
La situación me ha dado tal bajón que no me apetece ni ver un capítulo del encantador de perros, creo que incluso odio la perilla de Cesar Millán. ¿Por qué he pensado eso? No, no. Tiene una perilla perfecta y no le gusta follarse mastines, eso solo son rumores. Decido dormir un poco, no puedo aguantar tanto sin dormir, 4 horas es demasiado. Me levanto de madrugada y pongo el Canal 47. Ha perdido mucho nivel, ahora parece que el requisito imprescindible para salir es tener un gato acostao en el coño, por eso están tan moda los programas eso de teleconcursos.
Segun puedo comprobar, estos programas siguen 3 patrones que todo hombre advierte al momento. El primera instancia hay una mujer de muy buen ver, que el realizador todavía no se ha fijado que no queremos saber cuantos números salen en la imagen, sino verle el escote. El segundo puesto lo ocupa la cinta, es realmente hipnótico ver como esos billetes van cayendo al cajon, “¡Oh Dios mío, ha caido uno de 500! No te engañes, a ti también te hace ilusión. Y por último están las cuentas atrás. De las 4 horas que dura el programa, 3 de ellas se llevan haciendo sucesivas cuentas atrás anunciando el final del programa. Es exhasperante.
Vuelvo a hacer zapping, están dando el tour de Francia en diferido. El ciclismo es un deporte extraño que nunca he entendido. En él, un montón de yonkis se suben en una bicicleta y se hacen como 6 o 7 millones de kilómetros cada día. A parte de eso, el deporte no tiene mordiente alguna, pero como sedante para una buena siesta está muy bien. Lo más gracioso es cuando hablas con algún aficionado a este deporte, se pueden dar situaciones tan desternillantes como la siguiente, que seguro que la habéis vivido.
- DB: ¿Qué haces?
- Estaba viendo el tour, está muy interesante. Mira, mira.
- (Silencio. En la pantalla se ve un ciclista, solo. ¡Dios mío! ¡Ha dado un sorbo a su botella de agua, creo que me está dando una taquicardia!)
- DB: Hay algo que no entiendo, ¿Por qué el que gana el tour nunca gana ninguna carrera?
- (Te miran raro) Jajajajaja (Y sueltan una sonrisa condescendiente). Es que va por tiempos.
Esta conversación siempre la mantengo con alguien y siempre pasa lo mismo. Sigo sin saber porque coño gana alguien que nunca gana carreras. Apago la tele y vuelvo a la realidad, el día anterior la mujer que había contratado para que me limpiara la casa me había dejado tirado y tal situación me hizo tantear las distintas posibilidades que disponía. En un primer momento até la fregona y la escoba a la termomix, que siempre he escuchado que era un robot de cocina, y con la lógica básica que se tienen a las 5 de la mañana después de estar dos horas viendo los teleconcursos, supuse había inventado un robot que me limpiase la casa. El ‘robotsudaca que suda bastante‘ le llam.
Efectivamente, tuve que pedir disculpas a amable señor de la oficina de patentes por haberle molestado a las 5:30 de la mañana. Y fue justo al colgar el teléfono, cuando esa televisión que antes me había estado comiendo el coco me abrió la caja de las ideas. Estaban reponiendo esa serie que habla de la España franquista en la década de los 70, ‘Cuentame como pasó‘. Está claro, Paquito era un hijo de puta, pero listo al fin y al cabo. Él tenía la solución: una esposa.
Una esposa es la solución. Claro, como no me había dado cuenta antes, es perfecto. Una esposa puede satisfacer la tres necesidades principales de un hombre: Los potajes de garbanzos, tenerte la casa y la ropa limpia; y una vagina limpia y aseada. Además, si susodicha mujer es fértil puedes tener múltples vástagos con ella, con los cuales puedes desahogarte al volver del trabajo con collejas, insultos y tollinas. Ya sabía que hacer, tenía una misión y debía de cumplirla…
Continuará… o no.